domingo, 15 de febrero de 2009

La saga de los Esquiveles


Hijos de la revolución traicionada


Parte I

El apellido Esquivel es el génesis de una dinastía que pesa en la historia relatada en el libro Informe de una matanza. Grandezas y miserias en una guerrilla. Esta es parte de la saga de los Esquiveles, admirables combatientes revolucionarios.

Berne Ayalá
redaccion@centroamerica21.com

Una mujer mete pólvora a un trabuco mientras el hombre dispara un revólver 32.20. Cuando se terminan las balas ella le entrega la otra arma cargada para no interrumpir las descargas. Miran de vez en cuando hacia atrás, como buscando el sitio donde será la retirada. Entre los muros de la casa se esconde varios niños -hijos de ambos-. Ella se llama Bonifacia Ramírez de Esquivel y él, Benigno Esquivel. Uno de los niños que se esconde bajo un tabanco para evadir las balas del cerco enemigo se llama Anselmo Esquivel, quien muchos años después será el padre del capitán Juan Patojo de las FPL.


El zafarrancho tuvo lugar en el departamento de Jutiapa, Guatemala. Los Esquiveles, una vez vencido el cerco enemigo, caminaron varios días y noches, bajo la lluvia y la oscuridad, arrastrando a su prole. Cruzaron la frontera de El Salvador y continuaron avanzando hasta el oriente del país, atravesaron el río Lempa entre San Vicente y Usulután, luego se internaron hacia el norte del poblado de San Agustín, y en un terreno poco accesible, quebrado y montañoso, iniciaron una nueva vida, una vida que buscaba la paz en un siglo repleto de guerras.

El apellido Esquivel es el génesis de una dinastía que pesa en la historia relatada en el libro Informe de una matanza. Grandezas y miserias en una guerrilla. Ese apellido fue traído a nuestro país por esos peregrinos guatemaltecos que se alzaron en armas en el rebufo de la revolución mexicana y sus ecos guatemaltecos, a principios del siglo XX, y que generaron una familia de combatientes revolucionarios en nuestro país.

-Mi abuelo sólo traía un paraguas cuando llegó a estos lados, y con ese paraguas se tapaba mi papá y sus hermanos, que eran unos niños. Y se fueron a vivir al cantón la Quesera de Usulután. Cuando yo le preguntaba a mi papá que por qué se habían ido a vivir tan lejos, él me decía que porque andaban huyendo. Mi abuelo peleó con un 32.20 y mi abuela disparaba con una escopeta de taco. Mi papá estaba pequeño. Es que mi abuelo se reveló contra el gobierno. Mire, la cosa era perra, mi abuela cargaba las escopetas de taco y los dos tirando. En esa revuelta de Guatemala mataron a un hermano de mi abuelo, al papá de mi tío Antonio, por eso lo adoptó mi abuelo y fue como un hermano de mi papá -dice Juan Patojo.

Anselmo Esquivel, el padre de Juan, nació en 1912, la década de la revolución mexicana. A partir de lo que nos cuenta sobre su familia, hemos podido colegir que, con bastante probabilidad, sus abuelos Benigno y Bonifacia, hayan llegado a nuestro país un poco antes de 1920 o incluso ese mismo año, época en que la crisis mexicana produjo un conflicto entre Guatemala y México por la disputa del territorio de Chiapas.

Pero la pelea por la vida librada por los Esquiveles fue en el conflicto civil interno de Guatemala, al que algunos historiadores llaman "revolución" o "la rebelión popular", que tuvo lugar en 1920, y que terminó con el gobierno del presidente Manuel Estrada Cabrera. Ese "movimiento popular" fue dirigido por el que sería presidente de ese país, Carlos Herrera y Luna. Dicha crisis política fue influenciada por la revolución mexicana y provocó el alzamiento de miles de guatemaltecos y la migración de muchos. Bonifacia y Benigno Esquivel son parte de esos alzados.

-Cuando mis abuelos se vinieron para El Salvador, como era una revuelta dura, también se vinieron los hermanos de mi abuela y mi abuelo, y el hijo de mi tío Antonio que murió allá. Ese mi tío Antonio pegó como veinte hijos.

Juan recuerda que, años después, en la crisis de 1932, su madre que era una muchacha de unos quince años, escuchó hablar de los comunistas y que las patrullas hacían trincheras de piedra en las calles, ella, que se llamaba Antonia Flores, vivía en el poblado de Berlín.

-Mi mamá era de Berlín y me contaba que le hablaban del comunismo, cuando ella tenía quince años, que las patrullas hacían rimeros de piedras, esperando a los comunistas. Y dice que un día a un carro se le fueron los frenos y pasó por encima de la trinchera y dice ella que corrió a la casa bien asustada gritando: hay vienen los comunistas y mis abuelos la garrotearon toda, no hagás bulla, le dijeron.

Por esos días fue que doña Antonia se conoció con don Anselmo, para entonces él tenía veinte años y a esa edad fue que se casaron y comenzó a producirse, junto a los otros hermanos de don Anselmo Esquivel, la generación de lo que más tarde sería una de las colonias de guerrilleros más grande de El Salvador, la que llevó el gen de aquel apellido del revólver 32.20 y las escopetas de taco.

-Cuando viene mi abuelo, ya habían matado al papá de mi tío Antonio. Allá en Guatemala fueron dos muertos, uno hermano de mi abuelo y uno hermano de mi abuela -cuenta Juan.

Uno de esos tíos abuelos caídos en combate en Guatemala era el abuelo de "Raúl Murciégalo", combatiente revolucionario que fue "ajusticiado" por las FPL en el frente paracentral.

-"Raúl Murciégalo", que en verdad se llamaba José Luna Esquivel, me decía tío, pero era mi primo. Era hijo de mi tío Chilo Esquivel.

Luego de asentarse en los territorios de La Quesera, don Benigno Esquivel hizo un préstamo de quinientos colones y así comenzó a comprar las tierras que serían de sus hijos y nietos. Asegura Juan que su abuelo fue alcalde municipal de San Agustín, Usulután, durante dos periodos. No hay duda que estos hombres han llevado la agitación política bien metida en la sangre.

http://centroamerica21.com/edicion93/pages.php?Id=691

2 comentarios:

Ozwhaldho Bonilla dijo...

Mi sangre Esquivel.

Homa Zkyvt dijo...

Woow es un orgullo portar el apellido Esquivel 😀