martes, 20 de enero de 2009

Herard von Santos: Un soldado de élite entre las letras


Conocí a Herard von Santos en un restaurante de San Salvador, hace ya casi dos años. Entre nosotros se interponía una cuenta pendiente: reconciliar los demonios de una historia que nos golpeó a todos los salvadoreños, la guerra.

Berne Ayalá
redaccion@centroamerica21.com

Él era el más nervioso de los dos, pero en el fondo ambos ya éramos hombres vencidos por el futuro y logramos encontrar las claves del tiempo y el misterio, supimos esa tarde que nuestra paz estaba firmada.

Días de trueno fue el primer libro que leí de Von Santos, un testimonio descarnado que recrea las experiencias vividas por un militar de élite que se tomó en serio su profesión de guerrero, su vocación por las armas y su experticia para el arte operativo. En ese libro aborda lo que para cualquier militar salvadoreño que peleó la guerra civil fue la más emblemática experiencia: la ofensiva guerrillera lanzada sobre la capital en noviembre de 1989, él la vivió en primera línea.

Pero la vocación de Von Santos está orientada más bien a la historia militar, su visión es detallada, técnica y fríamente documentada. Sin pavonearse en las "grandes academias", con un altísimo sacrificio ha logrado obtener impresionantes testimonios, compilar fotografías y contraer valoraciones detalladas de aquellos jefes y soldados que protagonizaron la guerra centroamericana, sin importar el bando en el que hayan militado.

Ese es el gran mérito del ahora capitán retirado, Herard von Santos, que ha cruzado una de las fronteras más delicadas: la invasión al pasado desde una época rodeada de torpezas y de cegueras, de trabas burocráticas e ideológicas. Ha podido hablar con todos, auscultar con el frío y calculado método del historiador, despojado de subjetivismos para contar lo más claro posible lo que sucedió.

En esa órbita se situó su segundo libro: Emboscada, Tanques Al Asalto. Un material que aborda las tácticas con intervención de vehículos blindados implementadas en el mundo en las guerras de contrainsurgencia. La posibilidad de comparar la experiencia salvadoreña con otros conflictos del mundo afina la puntería en un libro que no puede faltar en la biblioteca de cualquier estudioso o lector aficionado de la guerra y la historia.

Von Santos presentará a las 4:00 PM de este sábado 7 de febrero, en el Círculo Militar, salón General Manuel José Arce, su más reciente producción: Soldados de Élite en Centroamérica y México, donde vuelve a confirmarse como un depurado y apasionado cazador de la historia militar, en una formidable y detallada investigación que devela "los camuflajes" de las mejores unidades militares centroamericanas y mexicanas de élite.

Unidades de Fuerzas Especiales, Fuerzas Aerotransportadas, Unidades de Comando, Unidades de Infantería de Marina, Unidades de Hombres Ranas, y las Patrullas de Reconocimiento de Largo Alcance (PRAL), son algunas de las estructuras militares abordadas en este libro. Su tratamiento está contextualizado en las guerras que cada una de esas unidades tuvieron vida, pues la táctica, que es el alma de cualquier fuerza militar, sólo se puede poner a prueba en la guerra, en el escenario natural donde los peces se sumergen en el agua. Por eso es fácil compenetrarse en su texto, sin que para ello se requiera ser un especialista pues su método es sencillo, como suelen ser los buenos libros.

El aporte de este libro es su valor agregado a nuestra cultura y nuestra historia, es incalculable. Gracias a esfuerzos como ese es que mañana, en diez años o veinte, o cien, los que vengan podrán escuchar el sonido de los cascos de los caballos troyanos que pasaron por el patio de nuestras casas, ahí mismo donde los guerreros después sembraron su jardín.

http://centroamerica21.com/edicion93/pages.php?Id=690

lunes, 22 de diciembre de 2008

Las responsabilidades

El Fusilamiento

Las palabras finales de Mayo Sibrián
Guayo, convivió con Mayo Sibrián durante sus últimos días de vida, además fue testigo del fusilmiento. Las palabras finales del comandante le descubrieron una realidad desconocida para él y que no consta en los reportes oficiales sobre las masacres en el frente paracentral.


Juan Patojo:

"Lo han matado para limpiarse"


Los testimoniantes de Informe de una matanza, coinciden en señalar responsabilidades compartidas entre Salvador Sánchez Cerén, la Comisión Política de las FPL y los mandos del paracentral. Para ellos, testigos, víctimas y sobrevientes de esas masacres la historia no coincide con la oficial. Los testimoniantes sostienen que el fusilamiento de Mayo Sibrián no es más que una manera conveniente de evadir las culpas.

En orden de aparición: Juan Patojo, Pedro Café

viernes, 12 de diciembre de 2008

Los Horrores y las locuras de la guerra

Con el título de este artículo, que es uno de los subtítulos de mi libro "Memorias de un Guerrillero", hago referencia a la masacre que realizó Mayo Sibrian en el Frente Paracentral. Los miembros de la Dirección del ERP sabíamos que había habido una "matanza" de combatientes y colaboradores de las FPL a manos del jefe del paracentral. Pero creíamos que era únicamente responsabilidad de Mayo Sibrian; estábamos tan poco informados, que en mi libro incluso cometo un error elemental de fechas: En 1984 escuché que las FPL habían logrado detectar un importante trabajo de infiltración enemiga en San Vicente que había culminado con la captura y ajusticiamiento de los infiltrados...Mayo Sibrian había matado en 1984 más de cien "infiltrados", según los más conservadores y según otros, los muertos fueron varios centenares. Sin embargo, nadie constató que los muertos fueran infiltrados.
Juan Ramón Medrano
Analista político
redaccion@centroamerica21.com

Después hago referencia a la otra matanza realizada por Sibrian, después de la ofensiva del 11 de noviembre de 1989; siempre con datos muy generales, sin mayor conocimiento de los hechos. La primera matanza se había realizado en 1986 no en 1984.

En el libro "El Salvador, el soldado y la guerrillera" el escritor salvadoreño Oscar Martínez Peñate se refiere en una de sus historias a estos mismos hechos, con el subtítulo "El ajusticiamiento de Mayo Sibrian", en el cual uno de los jefes operativos del Frente Paracentral relata una de las matanzas de la siguiente manera: Habían llevado a un pelotón de jóvenes cuyas edades oscilaban entre los 12 y 17 años, procedentes de un campamento de refugiados salvadoreños, que estaba asentado en Honduras, para integrarlos a la guerrilla, y les dijo: -Cipotes, háganse para este lado y se ponen en fila. Los muchachitos pensaban que Mayo les iba a decir algunas palabras de bienvenida, estaban contentos y sonrientes, se les notaba el nerviosismo característico de su edad. Sin mediar palabra, Mayo tomó su fusil y les dijo: Vaya, les voy a enseñar, plah, plah, plah, plah. Los masacró a todos. Los bichitos cayeron al suelo como si eran pollitos, sin saber por que los había asesinado el comandante.

Disparó a sangre fría a 15 niños que habían llegado. Y a los compañeros procedentes del volcán de San Vicente les dijo: Todos estos monos son enemigos y por eso les mostré como se debe de actuar. Hay que ser revolucionario hasta las últimas consecuencias, para que le digan a su jefe (se refería a Abelio) como se hacen las cosas en este lugar.


Informe de una matanza.

Hace pocos días ha salido la edición del libro "Grandeza y Miseria en una Guerrilla", un reportaje para Centroamérica 21, redactado por los escritores y periodistas salvadoreños Berne Ayalá y Geovani Galeas. Fue realizado en la zona geográfica que durante el conflicto fuera el Frente Paracentral; son entrevistas a jefes, combatientes y familiares que conocieron a las víctimas.

Hemos escuchado constantemente, que la Comisión de la Verdad en sus investigaciones calculó que el 95% de los crímenes los cometió la derecha y la Fuerza Armada y el 15% la guerrilla; en ella se hace referencia a los asesinatos de personalidades como Monseñor Oscar Arnulfo Romero y los sacerdotes jesuitas; a masacres contra pobladores indefensos; asesinatos de guerrilleros rendidos al ejército y una larguísima lista de crímenes atribuidos a la derecha y la Fuerza Armada. También escuchamos de asesinatos de alcaldes, de dirigentes de derecha y de asesinatos de soldados que se habían rendido, a manos de la guerrilla. En algunos de estos hechos fueron señalados con nombre y apellido dirigentes del ERP; por razones que cuento en mi libro yo no aparezco en dicha lista. Pero la masacre del paracentral, a pesar de su magnitud, extrañamente no llegó a oídos de la Comisión de la Verdad.

Michael Walzer, en su obra "Guerras justas e injustas. Un razonamiento moral con ejemplos históricos." Cita a Clausewitz, quien se refiere a la guerra como: un acto al que en teoría no se le pueden poner límites...cada uno de sus adversarios trata de torcer el brazo a su oponente...la guerra tiende a exigir el más extremado empleo de la fuerza...quien utiliza la fuerza de forma implacable y no se arredra ante ningún derramamiento de sangre, debe por fuerza obtener una ventaja si su oponente no es capaz de hacer lo mismo. Dice que es: una continua escalada de cuyo desarrollo nadie es culpable.

No obstante, como en todo acto humano, por brutal e inhumana que sea la guerra, también existe la dimensión moral. Y es desde esta dimensión, que Walzer nos recuerda que: Sea cual sea el enfoque que decida adoptar, no dejará de considerar que la guerra es una acción humana, deliberada y premeditada, de cuyos efectos alguien tiene que ser responsable... ¿Que opinión nos merecería un soldado o un hombre público capaz de mostrarse indiferente ante la atrocidad?

Como nos encontramos a las puertas de las elecciones presidenciales más reñidas, después de la firma de los Acuerdos de Paz, cualquier hecho cierto o parcialmente cierto, que tenga que ver con los horrores de la guerra, va a ser descalificado por cada una de las partes. En este caso, la investigación de Ayalá y Galeas, buscará el FMLN descalificarla. Y es lógico, pues en la misma investigación periodística, una de las víctimas les dijo: Yo les voy a contar todo, todito, con nombres y apellidos de los muertos y los asesinos, pero no ahora en tiempo electoral. Al leer el libro, uno se da cuenta de que los testimonios son tan fuertes, que no pueden ser descalificados por razones políticas o ideológicas, los hechos trascienden a lo más profundo del ser humano, a su integridad moral. Pablo Parada Andino (Goyo) a quien sustituyera Mayo Sibrian, como jefe del paracentral, Julio Hernández y Arnoldo Bernal, quienes fueron protagonistas y potenciales víctimas de estas historias, le dan fuerza al relato. La validez se la dan las víctimas y sus familiares.

Los diferentes jefes y combatientes coinciden en que la responsabilidad no fue, ni por cerca, únicamente de Mayo Sibrian, que terminó fusilado, acusado de ser el responsable de todos los crímenes. Giovani, uno de los jefes de la zona dijo: El culpable no fue Mayo...si él pudo matar tanta gente buena, fue por que los jefes se lo permitieron. Guayón también les dijo: Es que no era solo mayo el que tenía la culpa ahí entra toda la Comisión Política de las FPL, esa es la verdad. Miguel UV quien fuera radista de Mayo Sibrian dice en el libro: Mayo Sibrian solicitaba la autorización de Sánchez Cerén...Cuando Mayo le decía: Tenemos cuarenta capturados de las redes enemigas. Poco después llegaba la respuesta de Sánchez Cerén y siempre era la misma: Ejecútenlos. Goyo, fue encomendado para observar los sucesos de la paracentral. Después de rendir su informe durante varias horas a Sánchez Ceren, este sin preguntarle nada, al final dijo: -Mayo es un fundador de las FPL, es miembro de nuestra Comisión Política, es un hombre de prestigio y es mi amigo.

En las páginas finales del libro, en el Epílogo, encontramos la siguiente reflexión de los autores: Esta investigación supera cualquier momento electoral, cualquier gobierno o partido político, por que representa una porción de la fotografía del ser salvadoreño, de su condición humana en una época cuya oscuridad nos sigue calando hondo, nos sigue cortando la voz y quebrando el sentido del futuro.

De la misma manera que las víctimas de los hechos cometidos por las fuerzas del gobierno en aquella época merecen credibilidad y respeto, lo aquí contado debe estar en el mismo sitio, el de la reflexión de nuestro pasado reciente.

http://centroamerica21.com/edicion87/pages.php?Id=605

martes, 9 de diciembre de 2008

¿Estas víctimas si, estas otras víctimas no?

En las últimas semanas se han registrado en el país dos hechos relacionados a las víctimas de la guerra que sufrió nuestro país, esto ha generado una polémica en torno a las responsabilidades y la necesidad de justicia y reparación de los daños causados.

redaccion@centroamerica21.com

Por un lado, dos organismos internacionales de Derechos Humanos solicitaron a la Audiencia Nacional de España la apertura de un proceso contra catorce militares salvadoreños y el ex presidente Alfredo Cristiani, por el asesinato en 1989 de los padres jesuitas y sus dos colaboradoras.

Por otro lado, la publicación del libro Informe de una matanza, grandeza y miseria en una guerrilla, ha puesto al descubierto el asesinato de más de mil combatientes y colaboradores civiles de la agrupación guerrillera comandada por Salvador Sánchez Cerén, actual candidato a la vice presidencia de la república, bajo la acusación de ser infiltrados del enemigo. Las ejecuciones ocurrieron entre 1986 y 1991 en el frente paracentral.

En el primer caso, aunque anteriormente se juzgó y condenó a varios militares, la parte ofendida considera que éstos eran solo los autores materiales, y que los autores intelectuales han quedado en la impunidad. En el segundo caso, los responsables de las ejecuciones no han enfrentado ningún juicio, y el hecho ni siquiera fue mencionado, pese a su gravedad, en el informe de la Comisión de la Verdad.

Durante un programa televisivo en que uno de los autores del mencionado libro, Geovani Galeas, explicaba cómo, cuándo y dónde ocurrieron las ejecuciones sumarias perpetradas por la guerrilla, una televidente llamó por teléfono para decir que el caso de los jesuitas sí merecía atención y justicia, "porque ellos eran santos", y que no era comparable con las otras ejecuciones "porque esos eran guerrilleros".

La semana pasada, en el periódico digital El Faro, Ricardo Ribera, profesor de filosofía e historia de la UCA, escribió una columna en la que apoya lo dicho por la televidente en cuestión. Entre otras cosas, Ribera dice:

"Centenares de ejecuciones sumarias de combatientes y colaboradores se habrían dado con el consentimiento del actual candidato (Salvador Sánchez Cerén). El caso nunca fue incluido en la lista de los que investigó la Comisión de la Verdad por una razón bien sencilla: por atroces que hayan sido esos abusos y violaciones a los derechos humanos, la Comisión consideró que se trataba de purgas internas o de casos de espionaje o de infiltración por el enemigo. Las víctimas no eran civiles. Eran combatientes en situación de guerra". Y agrega: "Es un caso que no puede equipararse a la masacre de El Mozote, con un millar de víctimas civiles, de todas las edades, o de las cuatro monjas violadas y después asesinadas, o del arzobispo abatido por la bala de un francotirador a mitad de la misa, o de los seis sacerdotes y dos colaboradoras de la UCA, sacados de sus camas para ser acribillados por una unidad de elite del ejército. No son comparables".

Sin embargo, el director del Instituto de Derechos Humanos de la UCA, Benjamín Cuellar, plantea una visión distinta. En una entrevista en el canal 12 de Televisión, realizada por William Meléndez el pasado jueves, al referirse a las ejecuciones sumarias perpetradas por la guerrilla, expresó:

"Cuando se dice que se trataba de combatientes, y que por eso el caso es distinto, no es distinto. Hay Derecho Internacional Humanitario, hay Convenios de Ginebra. Desde el momento en que yo te desarmo en mi campamento guerrillero, te torturo y te mato a garrotazos, es una grave violación al Derecho Internacional Humanitario, que debe ser igualmente investigada, castigada y reparado el daño a las víctimas".

En otro momento de la entrevista manifestó: "Lo que pedimos es que se derogue la Ley de Amnistía, que se apruebe una Ley de Reconciliación que asuma las recomendaciones de la Comisión de la Verdad, reparando el daño a las víctimas, dignificándolas, reconociendo que eran personas honorables, y reconociendo su responsabilidad el Estado y también la guerrilla".

Sobre el planteamiento del director del IDHUCA, Meléndez ahondó sobre las implicaciones que esto tendría "poner en el banquillo de los acusados, someter a procesos judiciales, hacer condenas a funcionarios ya sea del gobierno o del FMLN..."; sobre el tema Cuellar planteo una alternativa que implica un nuevo pacto social "perdón para los que pidan perdón, reparación para quiénes necesiten reparación, y fortalecimiento de las instituciones".

A las víctimas del paracentral y a sus familiares no se les ha pedido perdón, no se ha reconocido su honorabilidad ni su aporte al proceso nacional; por el contrario, se sigue afirmando que fueron infiltrados, traidores a la causa revolucionaria, y que por tanto y dentro de las leyes de la guerra lo que les correspondía era el ajusticiamiento.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Goyo y Miguel Uvé: "¿Qué está pasando en el paracentral?"

Dimas Rodríguez, miembro de la máxima jefatura de las FPL, era el más escéptico respecto al informe de la "vasta infiltración enemiga", y el más interesado en investigar y poner las cosas en claro.

Geovani Galeas/Berne Ayalá
redaccion@centroamerica21.com

No había valle o serranía, playa o volcán, camino o recoveco del frente paracentral en el que Goyo no fuera conocido y respetado por los jefes y combatientes guerrilleros, lo mismo que por sus familias.

Había nacido en esa zona. Allí se había incorporado a la lucha como un joven organizador campesino allá por 1977. Allí se había sumado a las FPL por esas mismas fechas, y había ido ganando progresivamente, en combate, las jefaturas de escuadra, pelotón, columna, destacamento, batallón, operaciones y Estado Mayor, hasta convertirse en el comandante Goyo, jefe militar del frente paracentral.

En abril de 1986 se le informó que tendría que cumplir una misión especial fuera del país. Unas semanas después llegaba a Cerros de San Pedro el hombre al que la máxima jefatura del las FPL había elegido para sustituirlo: el comandante Mayo Sibrián.

Después de entregar el mando, y tras la ya mencionada conferencia de coordinación con Mayo Sibrián, se puso en camino. Su ruta de salida, con escalas de descanso y coordinaciones, pasaba por la zona guerrillera conocida como Radiola, el cerro de Guazapa y el cerro Bonete. Antes de llegar a este último punto, se detuvo algunos días en la comunidad Tres Ceibas, en el norte de la ciudad de Apopa. Habían transcurrido unos dos meses desde que saliera de Cerros de San Pedro.

Una noche, en Tres Ceibas, recibió la visita de un grupo de familiares de guerrilleros de esa zona que habían sido enviados al frente paracentral. Le contaron angustiados que se estaba rumoreando que a algunos de sus parientes habían sido acusados de traición, y los habían torturado y matado sus mismos jefes. Esa información desconcertó a Goyo, pero era demasiado imprecisa como para tomarla como una certeza. Al día siguiente reemprendió la ruta que finalmente lo llevaría hasta Cuba.

Un par de meses después de su llegada a La Habana, Goyo recibió la visita de tres miembros de la comandancia de las FPL. Querían saber cómo evaluaba él las condiciones de seguridad del frente paracentral. Estaban preocupados porque habían recibido informes sobre una vasta red de infiltración enemiga, tanto en las bases de apoyo en la población civil como entre las mismas tropas guerrilleras.

Goyo les dijo que esa aseveración le parecía incoherente, que una infiltración de esa magnitud era imposible. Durante años él había realizado en ese frente, con la misma tropa, operaciones militares pequeñas, medianas y grandes, acciones logísticas a gran escala entre la población civil y bajo estrictas medidas de clandestinidad, y todo lo que él había observado durante esas experiencias estaba contemplado dentro de la normalidad de un estado de guerra.

Los tres comandantes quedaron indecisos. No podían dudar de la evaluación de un cuadro con la experiencia política y militar de Goyo, pero le pusieron un ejemplo de lo que Mayo Sibrián había reportado como un signo de la infiltración. Se trataba de una operación en la que un grupo comando, teniendo a tiro a la unidad enemiga, había lanzado las granadas sin lograr pegar en el objetivo. Goyo pidió más detalles sobre ese incidente, y luego les presentó su consideración al respecto.

-Es una típica acción en medio de un operativo enemigo. En esas circunstancias la exploración se hace sobre la marcha, los compas se echan las cargas al lomo y si hay tiro lo hacen sin más. Pero igual si andan cansados o están con hambre, y les toca efectuar el golpe de mano a las diez de la noche, un cusuco o una taltuza que salta por ahí en el monte los puede confundir y así se provoca un error. De esas experiencias les puedo contar cientos-, concluyó Goyo, ya adivinando y deplorando la suerte que los muchachos comandos habrían corrido.

Uno de los tres comandantes, el legendario Dimas Rodríguez, era el más escéptico respecto al informe de la "vasta infiltración enemiga", y el más interesado en poner las cosas en claro, de acuerdo a Goyo. Fue él quien le preguntó cómo se explicaba, entonces, que Mayo Sibrián cometiera un error de apreciación tan grave.

La respuesta de Goyo fue directa y contundente:

- Mayo asumió, en el frente paracentral, el mando de dos batallones de élite, más de cinco columnas guerrilleras, un gran número de personal asignado a milicias, talleres y logística, o sea, casi la mitad del total de las fuerzas de las FPL; es decir que le asignaron una responsabilidad sobre una gran cantidad de territorio y de tropa, lo que superó sus capacidades tácticas, estratégicas y hasta psicológicas. Ustedes lo saben bien, lo más que Mayo había llegado a comandar era un destacamento, y de pronto le pusieron en las manos toda esa fuerza, cualquiera puede tener problemas en esa situación-, finalizó Goyo.

Miguel Uvé, la muerte de los amigos

Nicolás García, el comandante Miguel Uvé, es originario de San Vicente. Se incorporó a la guerrilla en 1974. Su pseudónimo Uvé deriva del hecho de haber sido uno de los fundadores de las Unidades de Vanguardia de las FPL. En el paracentral estuvo al mando del batallón "Andrés Torres" hasta 1983. Ese año fue enviado a Chalatenango, donde junto a otros otros comandantes también provenientes del paracentral, Goyo, Ramón Torres, Giovani y Walter, participó en la conducción de batallas que ahora son casi legendarias, como la del ataque a la Cuarta Brigada de Infantería.

Ya casi al final de la guerra, en abril de 1991, viajaba en un vehículo junto al comandante Antonio Cardenal (Jesús Rojas) y un grupo de combatientes, en una zona que consideraban segura en el norte de Chalatenango. Sin embargo, fueron sorprendidos por una emboscada montada por una unidad especial del ejército.

Jesús Rojas fue impactado mortalmente por una de las primeras ráfagas, a las que sucedió el ametrallamiento a mansalva y el lanzamiento de granadas de mano. La mayoría de guerrilleros caen abatidos, y solo quedan cuatro sobrevivientes heridos que tratan escapar arrastrándose y disparando sus armas. Uno de ellos es el comandante Miguel Uvé, que alcanza a parapetarse detrás de una piedra. Miguel intuía que Jesús Rojas, miembro de la máxima dirección de las FPL, estaba muerto, y le preocupaba que en su mochila cargaba no solo una gran cantidad de dinero sino, también, las claves de las comunicaciones e importantes documentos internos. En esa misma emboscada murieron varios guerrilleros del frente paracentral: Nando, Alirio, Manolón y otros más.

Muy cerca de ahí, a ambos lados de la calle, acampaban varias unidades guerrilleras que ya habrían reaccionado ante la balacera, y estarían por llegar al sitio. Miguel y sus compañeros decidieron entonces seguir disparando, con el objeto de proteger la mochila de Jesús Rojas mientras llegaban los refuerzos. La unidad del ejército también sabía de la cercanía de los otros guerrilleros, y tuvieron que abandonar la posición ante la resistencia de los heridos y la inminencia del contraataque guerrillero.

Pero mucho antes de eso, en 1986, pocos meses después de la llegada de Mayo Sibrián al frente paracentral, Miguel comenzó a recibir correos de sus amigos y compañeros de aquel frente de guerra. Las noticias que le enviaban eran desconcertantes. Algunos de los jefes de destacamento del batallón que él había comandado años atrás, el "Andrés Torres", le contaban que la situación era grave, que sentían temor de morir a manos de sus mismos mandos, pues se había caído en una extraña situación de desconfianza generalizada.

Dos de esos jefes de destacamento, Chamba y Rogelio, le confiaron que temían que de un momento a otro se les acusara de traición injustamente, como a tantos otros compañeros a los que ya habían matado. El comandante Miguel Uvé se consternó por semejantes noticias, pues conocía a fondo a esos guerrilleros con quienes había combatido hombro a hombro durante varios años, y por cuya lealtad podía poner las manos al fuego. Muy poco tiempo después, Miguel recibió el informe de que, en efecto, Chamba y Rogelio habían sido ejecutados "por infiltrados". Al igual que Fermín, por los mismos días, tampoco Miguel Uvé imaginaba que la matanza del paracentral, apenas había comenzado.

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jueves, 4 de diciembre de 2008

Noviembre sangriento (Segunda parte)


Marvin Galeas*

La idea de una gran ofensiva militar había estado obsesionando a Joaquín Villalobos, desde mediados de 1986. Atilio, su nombre de guerra, era el máximo jefe del Ejército Revolucionario del Pueblo y el más joven de los cinco integrantes de la comandancia general del FMLN. Había entrado a Morazán en noviembre de 1982. Llevaba 14 fusiles AK-47 de fabricación soviética. Era un regalo de Fidel Castro para cada uno de los máximos jefes militares del ERP.

Desde su llegada estructuró un puesto de mando móvil muy similar al de un ejército profesional. Lo conformaban unos doscientos hombres distribuidos en secciones de inteligencia y contrainteligencia, comunicaciones operativas y estratégicas que enlazaban los frentes de guerra y las retaguardias de San Salvador, Managua y Tegucigalpa; los encargados de la logística, fuerza de seguridad y el equipo de Radio Venceremos.

Desde principios de 1986, Atilio tenía la certeza de que la guerra estaba empatada. La guerrilla en 1983 había enfrentado al ejército en una serie de grandes batallas, que incluía la defensa de posiciones. Había sido un buen año para el ejército guerrillero. Pero en 1984 todo cambió. La Fuerza Armada introdujo más batallones de reacción inmediata, más aviones y helicópteros e introdujo nuevas modalidades de combate.

Para complicar más las cosas el apoyo logístico desde Managua se había casi interrumpido, debido a las presiones políticas y militares del gobierno de Ronald Reagan. Hubo, en ese año, bastante desmoralización en los frentes guerrilleros. Las deserciones eran frecuentes. Entre 1984 y 1985, la guerrilla pudo haber perdido la guerra. Sin embargo supo resistir aplicando una estrategia de pequeñas unidades dispersas en el terreno haciendo guerra de desgaste, minas, francotiradores y sabotajes a objetivos económicos.

En los dos años siguientes la guerra se estabilizó y entró en un ciclo que parecía interminable: repetidos operativos contrainsurgentes en las áreas rurales del país y respuestas guerrilleras en las áreas vitales estratégicas. Era la de nunca acabar. Pero hacia finales de 1987 las gestiones de las organizaciones guerrilleras lograron que los países del entonces campo socialista dieran un apoyo más decidido.

Miles de fusiles AK, cohetes RPG-7, fusiles de alta precisión Dragonov, así como millones de proyectiles y pertrechos entraron a los frentes guerrilleros desde Corea del Norte, pasando por Cuba y Nicaragua. Las armas entraban por mar en pequeñas lanchas ultrarrápidas, que partían de noche desde las costas de Nicaragua, burlaban los complejos sistemas de vigilancia montados por el ejército de Estados Unidos en el golfo de Fonseca, hasta desembarcar en las playas de Usulután.

También ingresaban por tierra en depósitos clandestinos construidos en todo tipo de vehículos, a través de la frontera entre Nicaragua y Honduras. Luego en Tegucigalpa las armas eran escondidas entre barriles y sacos de alimentos que supuestamente iban dirigidos hacia los campamentos de refugiados de salvadoreños ubicados en territorio hondureño, pero muy cerca de los frentes guerrilleros de Morazán y Guazapa.

La ruta aérea, usada con menos frecuencia, era la más peligrosa. Pequeñas avionetas volaban cargadas de fusiles en horas de la noche, desde Nicaragua hacia pistas clandestinas en diversos puntos del país. Para principios de 1988 la guerrilla había renovado casi todo su armamento. El AK pasó a ser el fusil reglamentario del guerrillero. Los viejos M-16 fueron ocultados en depósito subterráneos y pronto serían enviados hacia las ciudades para los proyectados alzamientos populares.

Los líderes del ERP convencieron, no sin muchas dificultades, a las FPL y el Partido Comunista que la ofensiva militar en las ciudades desentramparía la guerra y podría terminar en una insurrección y en la victoria militar. Estas dos últimas organizaciones al principio creían que era nueva aventura de los locos del ERP, pero al final entusiasmados con las armas y con la reactivación de los movimientos de masas, aceptaron.

En abril de 1989, el ERP, estableció el puesto de mando estratégico de la ofensiva en una finca ubicada en las afueras de Managua. Exactamente el kilómetro 13 y medio de la carretera vieja a León. Casi todos los mandos guerrilleros salieron clandestinamente hacia Managua para la planificación de las maniobras militares. Todos regresaron entre julio y agosto. Todos, excepto cuatro. Ellos iban a ser los encargados de la coordinación de las operaciones y la coordinación con las otras fuerzas guerrilleras. La cuenta regresiva para noviembre había comenzado.

*Columnista de El Diario de Hoy.

http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=6342&idArt=3092437

martes, 2 de diciembre de 2008

Problemas en el ERP después de la ofensiva de 1981

Ofensiva 1981

Largos meses han pasado desde la "ofensiva final". Los planes que impulsamos han dado resultado: hemos logrado sostener operaciones militares de manera permanente, consolidando la estructura de comandos; el enemigo ya no nos ha podido golpear como al principio de año y, además, con Miguel estamos recuperado en gran medida el frente occidental.

redaccion@centroamerica21.com

Largos meses han pasado desde la "ofensiva final". Los planes que impulsamos han dado resultado: hemos logrado sostener operaciones militares de manera permanente, consolidando la estructura de comandos; el enemigo ya no nos ha podido golpear como al principio de año y, además, con Miguel estamos recuperado en gran medida el frente occidental. Partiendo de esta situación es que me siento con fuerza moral para plantear unas críticas en la reunión del Comité Central a la cual nos han convocado para la próxima semana en Managua.

El primer lugar al llegamos es la ciudad de Tegucigalpa, Honduras. Me siento contento porque sé que aquí esta "M" y creo que voy a poder verla antes de seguir el viaje para Nicaragua.

A Miguel y a mí nos traslada el compañero Bruno a un local de la organización. y nos dice que ahí estaremos hasta que se arregle la continuación del viaje, ya que nos tienen que preparar pasaportes hondureños. Al tercer día en este lugar, encerrados, Miguel y yo ya estamos aburridos, solo vemos televisión y fumamos sin control. En esta situación llegamos a la noche y cerca de las siete recibo una agradable sorpresa: la visita de "M", que de inmediato se me tira encima abrazándome y besándome llena de felicidad.

-Vine a pasar la noche contigo-, dice dulcemente.

Después de cenar y hablar sobre cómo nos ha ido todo este tiempo atrás, le enseño el documento que voy a presentar en la reunión del Comité Central; lo lee muy despacio y dice:

-Me parece muy bien, solo que hay que tener cuidado con algunas palabras que se utilizan porque te pueden enredar.

Me regresa el documento y no comenta nada mas al respecto, tampoco plantea la posibilidad de firmarlo. Me imagino que es porque es miembro de la Dirección Nacional y, aunque apoya las críticas, quizá no se quiere ver involucrada directamente por la relación sentimental que tiene conmigo.


Los compañeros destacados en Honduras organizan que a Galia, Miguel y a mí nos traslade el mismo vehículo hacia Managua. En la frontera de Peñas Blancas nos bajamos del carro para estirar las piernas mientras el compa que nos traslada presenta la documentación. Al ver ondeando la bandera roja y negra de la revolución sandinista, observo a Galia que se estremece de emoción y murmura: "Que bello, que bello".

Ya en Managua ha llegado el momento del encuentro con todos los delegados del país. Antes de iniciar la asamblea se escucha una sola algarabía: todo mundo habla al mismo tiempo sobre diferentes temas en los pequeños grupos de compañeros que se han formado de manera imprevista en el salón donde vamos a trabajar.

Joaquín Villalobos hace un llamado a que hagamos silencio para dar inicio a la asamblea del Comité Central. A continuación lee la agenda que propone la Dirección Nacional y pregunta si hay algún otro punto que se quiera discutir. Levanto la mano para pedir la palabra y digo:

-Sí, yo traigo un documento que quiero presentar a consideración de la asamblea.

Son muchos los temas a discutir y por esa razón a mí me toca exponer hasta el segundo día de trabajo. Antes de empezar a leer digo:

-Compañeros, este es un documento de critica firmado por Galia y por mí. Lo presentamos a ustedes con toda seriedad y con el único fin de corregir errores y que nuestra organización se fortalezca. Empiezo a leer e inmediatamente se crea en el salón un profundo silencio. Después de unos segundos levanto la cabeza y veo todas las miradas clavadas en mí. Sigo leyendo y antes de terminar volteo a ver a Joaquín, que se mantiene serio, pero con la cabeza erguida y la mirada al frente. Leo con más energía la ultima parte y digo:

-Para concluir, podemos argumentar que el mando general ha utilizado métodos equivocados para conducir la organización. Por esta razón proponemos al Comité Central que sea sometido a prueba durante seis meses, y de no corregirse los errores antes señalados, que sea suspendido de su cargo."

Por unos cuantos minutos nadie se atreve a intervenir, hasta que Jonás rompe el hielo y pide la palabra.

Sobre la carretera que conduce a la frontera de El Amatillo, de regreso a San Salvador, veo a través de la ventana del carro sin ningún interés. De repente me sonrío al recordar los detalles de la reunión y pienso en mis adentros:

"Logramos topar al poste al hijueputa de Joaquín. Aunque fue muy hábil de su parte poner el cargo a la disposición en ese momento, porque él sabia que la mayoría no iba a estar de acuerdo. Lo que él buscaba era suavizar la situación, lo cual logró. Pero aun con eso fue un triunfo para nosotros, y si consideramos que con el apoyo de Miguel logramos que la asamblea autorizara el regreso de "M" a San Salvador, puedo por lo tanto sentirme satisfecho plenamente.

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